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La historia del coche eléctrico

Los coches eléctricos no nacen en estos días como solución a nuestros problemas medioambientales, el coche eléctrico fue uno de los primeros automóviles en desarrollarse, hasta el punto que existieron pequeños vehículos eléctricos antecesores incluso al motor de cuatro tiempos sobre el que Diésel (motor diésel) y Benz (gasolina) basaron el automovil actual.

El título del primer vehículo eléctrico se le concede al que construyo el hombre de negocios escocés Robert Anderson, la fecha algo confusa, se postula entre 1832 y 1839.

La mejora del rendimiento de la pila eléctrica por los franceses Gaston Planté en 1865 y Camille Faure en 1881, allanó el camino para los coches eléctricos.

Posteriormente en la Exposición Mundial de 1867, en París, el inventor austríaco Franz Kravogl mostró un ciclo de dos ruedas con motor eléctrico. Francia y Gran Bretaña fueron las primeras naciones que apoyaron el desarrollo generalizado de vehículos eléctricos. Mas adelante el inventor francés Gustave Trouvé, mostraría un automóvil de tres ruedas en la Exposición Internacional de la Electricidad de París en 1881.

Los automóviles eléctricos, producidos en los Estados Unidos por Anthony Electric, Baker, Detroit, Edison, Studebaker, y otros durante los principios del siglo XX tuvieron relativo éxito comercial. Debido a las limitaciones tecnológicas, la velocidad máxima de estos primeros vehículos eléctricos se limitaba a unos 32 km/h, por eso fueron vendidos como coche para la clase alta, por su conducción limpia, tranquila, y de fácil manejo, debido especialmente al no requerir el arranque manual con manivela que si necesitaban los automóviles de gasolina de la época.

La introducción del arranque eléctrico del Cadillac en 1913 simplificó la tarea de arrancar el motor de combustión interna. Esta innovación, junto con el sistema de producción en cadenas de montaje de forma masiva y relativamente barata implantado por Ford desde 1908 contribuyó a la caída del coche eléctrico. Además las mejoras se sucedieron a mayor velocidad en los vehículos de combustión interna que en los vehículos eléctricos.

A finales de 1930, la industria del coche eléctrico desapareció por completo, quedando relegada a algunas aplicaciones industriales muy concretas, como montacargas (introducidos en 1923 por Yale), toros elevadores de batería eléctrica, o más recientemente carros de golf eléctricos, con los primeros modelos de Lektra en 1954.